Brasil: El déficit de cuenta corriente registra un marcado deterioro, según datos del Banco Central do Brasil
El déficit de cuenta corriente de la mayor economía de América Latina se ha visto casi triplicado en enero, y el Banco Central do Brasil reveló que podría quedar sin cobertura por inversión extranjera directa (IED).
Si bien el déficit puede ser cubierto con otras fuentes de financiamiento, como deuda externa o inversiones de cartera en los mercados de capitales, éstas representan mayor volatilidad y son más especulativas; ya que la IED es considerada por los mercados como una fuente de financiamiento de mayor calidad para la cobertura del déficit.
Durante el período de 12 meses, el déficit de cuenta corriente mostró su peor desempeño desde junio de 2020, aumentando al 3,02% con relación al PIB, en comparación con el 1,11% del PIB registrado un año antes.
El déficit alcanzó los USD 8.700 millones en enero, con un aumento desde USD 4.400 millones reportado en el año previo, debido a la reducción del superávit, alejándose de las expectativas de agentes económicos del vecino país, que lo habían posicionado en un rango no mayor a USD 8.300 millones.
La reducción del superávit comercial con una caída del 78%, por aumento de importaciones, junto con la reducción de las importaciones, son las principales causantes.
La cuenta de servicios mostró un aumento de USD 1.000 millones en su déficit llegando a USD 4.600 millones, mientras que el de la cuenta de pagos se redujo en USD 1.100 millones hasta los USD 5.600.
Paraguay, siendo un socio comercial importante dentro del Mercosur, podría enfrentar mayor presión competitiva ante una mayor volatilidad del real brasileño, y una posible depreciación de esta moneda.
Alemania: Desafíos energéticos y comerciales amenazan al gigante europeo
La que fuera considerada potencia industrial de Europa, cerró el 2024 con una contracción económica del 0,2%, consolidando así dos años consecutivos con números negativos. Según diversos analistas económicos, este declive podría persistir en el futuro próximo.
La economía alemana atraviesa actualmente una fase crítica debido principalmente a dos factores interrelacionados: una severa crisis energética y una creciente guerra comercial con China. Este último se ha convertido no solo en un competidor formidable sino en una amenaza directa para sectores tradicionalmente dominados por la industria alemana, particularmente el
automotriz.
Tras la invasión rusa a Ucrania y la consecuente imposición de sanciones al gas y petróleo ruso por parte de la Unión Europea, sumado a la polémica decisión de cerrar las centrales nucleares en territorio alemán, los costos energéticos se han disparado, golpeando severamente la competitividad de industrias intensivas en consumo energético.
El costo de la energía, que antes de la invasión y las sanciones se ubicaba en aproximadamente €0,12 por kWh, ha escalado dramáticamente hasta casi €0,50 por kWh. A pesar de los esfuerzos gubernamentales por reducir impuestos, el costo energético para la industria alemana representa actualmente el doble que el de China y casi el triple que el de Estados Unidos, creando una desventaja competitiva sustancial.
China, que históricamente representaba uno de los mayores socios comerciales de Alemania, se ha transformado en uno de sus principales competidores. Con ventajas significativas en términos de costos de producción, el gigante asiático ha comenzado a fabricar internamente gran parte de los productos que anteriormente importaba del mercado alemán.
El sector automotriz ilustra perfectamente esta transición. Los vehículos eléctricos chinos han ganado considerable protagonismo en los mercados internacionales, teniendo como principal destino la Unión Europea, territorio tradicionalmente dominado por marcas alemanas.
La Unión Europea ha impuesto aranceles de hasta 45% a la importación de ciertas marcas chinas. Sin embargo, esta medida proteccionista ha desencadenado represalias contundentes por parte de China, que ha respondido con la prohibición de exportación de componentes esenciales para
la fabricación de baterías, como el litio y el galio, asestando un nuevo golpe a la industria automotriz germana.Adicionalmente, China ha restringido inversiones en territorio alemán en este sector estratégico.
La reciente entrada de la administración Trump representa un riesgo adicional para la industria europea. El mandatario norteamericano ha anunciado posibles aranceles de entre 10% y 20% para los productos provenientes de Europa, lo que complicaría aún más la situación económica alemana, considerando que Estados Unidos es uno de sus mayores
socios comerciales.